“Nada de lo que ocurre es casual o inocente [...] estamos viendo que hay un ataque, hay que hablar con claridad, al euro y hay que dar una respuesta" –Pepe Blanco-
¡Vuelve la conspiración judeo-masónica! En compló las prestitutas vienen a sacarnos los cuartos. Y las fuerzas naturales, en compló también, nos joden la conjunción planetaria. Impiden que España vaya bien.
Esto es absurdo. ¡Quiten de ahí a esos tipos!
dariPod: Nacho Vegas & Christina Rosenvinge - Verano fatal Te pierdo entre la gente que ha venido a celebrar
que llega el presidente y dice que nos va a salvar,
veo pasos en la orilla y te vuelvo a encontrar
en el agua de rodillas rezando hacia altamar.
For what is a man, what has he got? If not himself, then he has naught. To say the things he truly feels; And not the words of one who kneels. The record shows I took the blows - And did it my way!
Llega la noche y ante mi se presenta “La Barraca”: Un tugurio de putas todas ellas cargadas con las fiebres de Venus; solo los ansiosos marineros de ancla tatuada en el brazo se deleitan con ellas. Entro para protegerme de la lluvia. Dentro del pobre lupanar solo dan lumbre unas pobres luces de neon que parecen decir “Las tres calaveras”. Las gentes fornican por las esquinas, la barra la atiende un hombre sucio y andrajoso y sobre el escenario tres prostitutas nada apetecibles –una gorda, una enana (¿una niña quizás?) y una esquelética- “bailan”.
Hace calor, estoy fatigado y tengo sed. No voy a beber nada de esas jarras con babas y, a pesar de haber alguna mujer pasable, la visión de tanta carne no me hace la boca agua y me sacia como si fuera el perro de Pávlov. Un dragón encima de mi amenaza con hacer de vientre sobre mi cabeza y huyo.
En la calle voy bajo los faroles con silenciosa compañía. De los cristales salen caras tristes, alegres y otras con malignos rasgos; el teatro clásico parece querer odiarme. Me voy, corro, mi compañía queda atrás pero no las caras. Doblo una esquina y me topo con una pareja besándose sin pasión, como si fuera un mero trámite burocrático. Las mascaras les miran a ellos conmovidas para luego girarse hacia mi y reírse de forma burlona; se ríen de mi, buscan mi desesperación y mi llanto. Todo esto ocurre ante el gris monolito de la plaza vaticana. ¿Eres tú, dios, el responsable de esto? A veces pienso si existirás de verdad y me estas jodiendo a propósito para vengarte de mi.
A raíz de toda esta polémica surgida con lo de Ascó y el cementerío nuclear y tal y cual… me asaltaron de nuevo los oídos los Kraftwerk (since 1970). Así que ahí va su Radioactivity.
Ayer, rebuscando entre papeles viejos me encontré unas fotos y unas reseñas de cierto día en el que amigos ya pasados y yo estuvimos un día entero jugando al paintball. Recordé ese día, especialmente la última batalla, la de los montañeses.
Era el último enfrentamiento antes de irnos a casa. Estábamos en la zona alta del campo de batalla, de ahí lo de montañeses, atrincherados tras setos y maderos tumbados, rodeados por el bando enemigo cubierto tras los árboles. Tras nosotros nada había, retroceder sería abandonar el campo; por los tres lados restantes, enemigos. En nuestro agujero resistíamos gallardos con munición menguante. No había escapatoria, pronto no tendríamos con que hacerles frente. Así decidimos realizar un último acto desesperado: saldríamos de nuestro cubil, correríamos colina abajo y agotaríamos la poca pintura que nos quedaba.
Nos pusimos en posición y al primer grito saltamos el parapeto; cargamos chillando cual furias. Emulamos a Lawrence Chamberlain en Little Round Top. Solo que aquí el fuego no era real, y no nos alzamos con la victoria; nuestros cuerpos acabaron cubiertos de pintura, responsables de los verdugones de mi cuerpo que contemplé ante el espejo.
Creo fue ese el día el último en el que nos reunimos.
También fue el día en el que creí haber matado a un hombre. El momento más angustioso de mi vida.
Cual legionarios romanos en formación de testudo van por la vida. ¿Con cuántos me he topado yo, gente tan dispar, que cortan toda conversación plantándote un escudo en la cara? Demasiados para mi gusto.
Te interesas, no por ellos en sí sino por sus cosmovisiones, y solicitas que te expliquen. Lo hacen, hasta cierto punto. Cuando muestras interés –interés crítico-, y empiezas a hacer preguntas y a cuestionar sus convicciones, no con ánimo ofensivo sino por curiosidad, por querer saber de donde surgen tales pensamientos, te cortan enrocándose y poniendo ante tus ojos el frío escudo de “no me entiendes”. “¿Qué te importa? Si no lo entiendes…”
¡Cuan ofensivo y frustrante resulta! Te ponen por tonto, ya que consideran que ese cerebro tuyo no es capaz de procesar lo que se te muestra. Y cortan secamente tu ansia de conocimiento. Y se van, y se quedan tan anchos.
Tengo una pregunta, retórica, que lanzo al aire. Te escudas en el “no me entiendes” para hacerme callar… ¿No será que entiendo perfectamente lo que dices y no quieres exponer más por cobardía, no vaya a ser que se descubra que eso que predicas/crees son tonterías sujetas malamente con alfileres? ¿No será que eres tú el que no entiendes lo que dices y temes quedar como un imbécil? Me da que así es, que he acertado…
¿Qué clase de hombre eres que no defiende sus convicciones?
Soy un estudiante que cursa filosofía en la universidad de Oviedo. Filosofo por ocio y por convicción. Amante y vagabundo del cosmos, que gusta de analizar y comprender todo lo que le rodea. Leo, escucho y escribo para entretenerme. Y además de todo eso, creo que sufro algún que otro trastorno psicológico no diagnosticado.