"Todo fluye, nada permanece" diría en su día Heráclito. Esta máxima, junto con las mangueras de los barrenderos en la noche fueron los responsables de mi vuelta a la cordura.
¿Por qué penar a aquella que cambia y fluye cual agua despedida por la manguera, metáfora del rio, y que busca nuevas compañias y sensaciones? No deberiamos; no debimos. Dejemos que fluya, dejémosla ir. ¿No querríamos nosotros lo mismo llegado el momento en que nos acontezca tal hecho?

Un saludo
Pues ciertamente: hay que dejar que todo fluya, salga.
Un abrazo de martes.
A mi una vez, en verano, dando uno de mis paseos matutinos, pensé "Creo que voy a tomarme un helado" y cuando fui, una joven de la cruz roja me asalto -Aun así, le exigí que me dejara comprar primero el helado a cambio de oír su presentacion- El caso es que queria que fuera colaborador o algo parecido... pero me dio su numero de telefono! Si, me dio un papel oficial de la cruz roja, y escribio su numero de movil en plan "Llamame esta noche, chatin"
Sin comerlo ni beberlo, ligue aquel dia. Eso si, cuando me aleje de el escenario del asalto, el helado ya se había derretido, por lo cual no me digne ni a llamarla. 2 euros que se funden por el calor del verano...