La despedida
Localidad costera del norte de España. Un barco aguarda en el puerto. Gentes de todo tipo y condición suben a él con escasas pertenencias. En tierra, milicianos de la República descargan material del navío y deambulan de un sitio a otro. Un grupo de cuatro personas se hayan cerca de la escalera de acceso a este.
-Salvador: Que caos, que desastre…
-Monserrat: Ni cuando la fiesta mayor está la cosa así.
-Viktor: En las fiestas no corres peligro de que te fusilen si no escapas a tiempo del lugar.
-Didier: Cierto. Vamos, subid al barco, ya va siendo hora de que os larguéis no vaya a pasaros como dice Víctor.
-Salvador: Tienes razón. ¡Vamos Monserrat!
-Monserrat: Espera, el barco todavía no va a partir.
-Salvador: Pero mejor estar en él para cuando lo haga.
-Monserrat: Todavía falta mucha gente por subir, no desesperes.
-Viktor: ¡Que tranquilidad tienes, muchacha, a pesar de la situación!
-Didier: Si. Está más tranquila que muchos hombres. En las trincheras haría falta mucha más gente como ella para rechazar a esos sublevados.
-Viktor: ¡Para aplastar a esos fascistas!
-Didier: ¡Por el bien de la República!
-Salvador: Creo que a la República no le queda ya mucho bien por hacer.
-Monserrat: No caigas en la tristeza y la desolación. Volveremos a verla, no te preocupes.
-Salvador: No estoy muy seguro…
-Viktor: ¡Menos mal que los agoreros y derrotistas como tú os vais! De lo contrario podríais contagiar al resto que aun luchan.
-Salvador: Soy realista.
-Didier: Dicen que lo último que se pierde es la esperanza…
Llega un camión haciendo gran estruendo. Milicianos suben a él parte de las mercancías descargadas. El barco hace sonar su estruendosa bocina anunciando su próxima partida. Los rezagados se apresuran por subir.
-Didier: Ahora si que debéis iros.
-Salvador: Si, vamos Monserrat.
-Monserrat: Voy a añorar esta tierra.
-Viktor: No te preocupes, ¡volverás!
-Monserrat: Seguro. ¿Por qué no venís? Ya poco queda por hacer aquí…
-Viktor: ¿Qué dije? Es contagioso.
-Didier: Nos quedamos. Nuestra labor aquí no ha acabado.
-Salvador: Haréis que os maten.
-Viktor: Tranquilo, somos muy escurridizos.
-Monserrat: Prometedme que cuando las cosas se pongan feas…
-Didier: ¿Más?
-Monserrat: …cuando la cosa esté muy negra, os iréis. No ser locos.
-Didier: Pides demasiado, ya lo somos.
-Viktor: Viviremos, cálmate. Tenemos que contarles esto a nuestros nietos.
-Didier: No sabía que quisieras nietos.
-Viktor: Yo tampoco. En realidad lo que quiero es hacer cosas con una mujer, si vienen hijos y después nietos pues que vengan.
-Monserrat: Vaya dos quedan aquí.
-Salvador: Tenemos que irnos, ¡ya!
-Monserrat: Si, vamos.
El grupo se despide, igual que el resto de gente a su alrededor; los lloros, los besos y abrazos están por doquier. Mientras Salvador y Monserrat suben por la escalera al barco Didier le grita a ella:
-¡Siempre nos quedará París!
Ella, ya arriba del barco, le sonríe a modo de respuesta. Poco después la nave comienza su partida; la última despedida, con gritos y agitación de brazos, se produce. El barco se pierde en el horizonte; Víctor y Didier permanecen en el puerto hasta perder de vista el barco, como muchos otros allí reunidos.
Breve tiempo después, Didier y Viktor salen del muelle atravesando una calle cruzada por los raíles de un tranvía hasta una plaza cercana. Caminan despacio en dirección a una gran fuente.
-Viktor: ¿Y que piensas hacer ahora, Didier?
-Didier: Pues sinceramente: no lo se, Víktor. –Con pesadumbre- No lo se…
-Viktor: Siempre podemos volver a Cataluña. Barcelona nos acogió bien la primera vez.
-Didier: Si. Podríamos. –Con entusiasmo- ¡Si! ¡Volveremos!
Víktor asiente con la cabeza y emite con la boca un leve ruido, como el de una risa complaciente. Mira a Didier y le sonríe; este le corresponde:
-Didier: ¿Sabes Víktor? Creo que este es el comienzo de una bonita y prospera amistad.
*Dedicado a mi amigo Jonathan y a la que ahora toma te en tacita de plata.*



giverny dijo
¡Uf! cuantas emociones me has hecho sentir y seguro que tu amigo estará muy emocionado. Cuantos se fueron así, parte de mi familia se fue....y allí se quedó. Un relato conmovedor y que haces bien en postear para que la gente recuerde y quien no lo ha vivido que sepa la suerte que ha tenido.
Un abrazo.
4 Noviembre 2008 | 02:21 PM