Filósofo
-“El filósofo es un individuo que normalmente no goza sino de poca aceptación en el mundo al suponerse que no contribuye en nada ni a la utilidad ni al placer de la sociedad, ya que vive alejado del contacto con la humanidad y está envuelto en principios igualmente alejados de la comprensión de ésta.” –David Hume-
-“Circunspección de los espíritus libres.- Los hombres de espíritu libre, que viven únicamente para el conocimiento, alcanzarán pronto su fin exterior, su situación definitiva respecto de la sociedad y del Estado, y, por ejemplo, se declararán voluntariamente satisfechos de un pequeño empleo o de una fortuna que baste justamente para su existencia, pues se arreglaran para vivir de manera que un gran cambio en la fortuna pública, e incluso una revolución en el orden político, no sea al mismo tiempo la ruina de su vida. Todas estas son cosas a las que aplican la menor energía posible, para sumergirse con todas sus fuerzas reunidas y, en cierto modo, con una respiración amplia en el elemento del conocimiento. Así pueden tener la esperanza de bucear profundamente y quizá hasta ver bien en el fondo. De un acontecimiento, a un espíritu semejante no le gusta buscar más que un solo fin, no le agrada ver las cosas en toda la amplitud y abundancia de su desarrollo, pues no quiere enredarse en ellas. Él también conoce los días laborables de falta de libertad, de dependencia, de servidumbre. Pero, de cuando en cuando, es preciso que venga un domingo de libertad; pues de otro modo, no soportaría la vida. Es probable que incluso su amor a los hombres sea circunspecto y de corto aliento, pues sólo en medida en que le es necesario para los fines del conocimiento se embarca en el mundo de los instintos y de la ceguedad. Debe tener en cuenta que el genio de la justicia dirá algo en favor de su discípulo y de su pupilo, si voces acusadoras le reclamaran por pobreza de amor. En su manera de vivir y de pensar hay un heroísmo refinado, que tiene vergüenza de ofrecerse al saludo de las masas, como hace su hermano más vulgar, y que sigue silenciosamente su camino por el mundo y fuera del mundo. Aunque atraviesa algunos laberintos, aunque su camino se estreche momentáneamente entre rocas, en cuanto llega a la luz, sigue su camino en la claridad, fácilmente y casi sin ruido, y deja que los rayos del sol penetren hasta el fondo de su alma.” -Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano. 291-
-“Hombres solitarios.- Muchos hombres están tan acostumbrados a estar a solas consigo mismos, que no se comparan con los demás, sino que desarrollan el monólogo de su existencia en un estado de espíritu alegre y apacible, en agradables conversaciones consigo mismo, y hasta con risas. Pero si se les lleva a compararse con otro, propenden a una sutil depreciación de si mismos, hasta el punto de que es preciso obligarles a volver a aprender de otro una idea buena y justa de sí mismos, y aún de esta idea adquirida, querrían rebajar y corregir alguna cosa. Es preciso, pues, conceder a ciertos hombres su soledad y no ser bastante tonto, como se hace frecuentemente, para compadecerse de ellos.” -Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano. 625-
-“El viajero.- Quien desee, aunque solo sea en cierta medida, llegar a la libertad de la razón no tiene derecho, durante largo tiempo, a sentirse sobre la tierra más que como un viajero, y ni siquiera como un viajero hacia un objetivo final, pues no lo hay. Se propondrá, sin embargo, observar y tener los ojos abiertos para todo lo que sucede realmente en el mundo; por eso no puede ligar demasiado reciamente su corazón a nada en particular: es preciso que haya siempre en él algo de viajero, que encuentre su placer en el cambio y en el paisaje. Indudablemente, este hombre pasará malas noches, en las que se sentirá cansado y encontrará cerrada la puerta de la ciudad que debía ofrecerle un descanso; puede ser que además, como en Oriente, el desierto se extienda hasta esa puerta, que las fieras aúllen tan pronto lejos como cerca, que se levante un viento violento, que unos bandidos le roben sus acémilas. Tal vez entonces la noche espantosa descienda sobre él como un segundo desierto sobre el desierto, y en su corazón se sentirá cansado de viajero. Aunque se eleve entonces el alba para él, ardiente como una divinidad encolerizada; aunque la ciudad se abra, verá acaso en los rostros de sus habitantes aún más desierto, suciedad, trapacería e inseguridad que antes sus puertas, y el día será casi peor que la noche. Así le puede suceder a veces al viajero; pero luego vienen, en compensación, las mañanas deliciosas de otras comarcas y de otros días, donde desde el rayar del día ve en la bruma de los montes los coros de las Musas adelantarse bailando a su encuentro; donde luego, cuando apacible, en el equilibrio del alma de las mañanas, se pasee bajo los árboles, verá desde sus cimas y sus frondas caer a sus pies una abundancia de cosas buenas y claras, las ofrendas de todos los espíritus libres que están en su casa en medio de la montaña, del bosque y de la soledad, y que, como él, a su manera tan pronto reflexiva como gozosa, son viajeros y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana, piensan en que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanada, una faz tan pura, tan luminosa, tan radiante de claridad: buscan la filosofía de la mañana.” -Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano. 638-
-“Desde Tales hasta los más quiméricos charlatanes, no ha habido ningún filósofo que haya influido ni siquiera en las costumbres de la calle donde vivía.” –Voltaire-
