El sol se va.
La embarazada se sienta junto a su hija en el banco de metal.
Los pájaros vuelan y el mohicano encaramado en el árbol caza perdices.
Suben al caballo de hierro que galopa raudo por la pradera espantando terneras. En las entrañas un francés llamado André Renault toca el acordeón, el mohicano se reune con su primo –aquel no debía ser el último-, el inglés fumador de pipa vigila su bicicleta plegable, la embarazada para en el baño, un granjero busca esposa, el alemán busca refugio en el oeste… Alguien se perfumó con alcohol.

Somnolencia, sopor. Sueño profundo.

San Juan me despierta horas después envuelto en carbón haciendo sonar una bocina.
-Sweet dreams?
-Well… No.
-I’m sorry.
-Why you have light in your head?
-Because I’m Saint Peter.
-Oh…
-This is the end of the world…
-Don’t sing REM, please.
-Ok. You need something?
-House?
-The doctor?
-No. My house.
-I don’t know.
-Ask to god.
-It’s God, no “god”.
-For me is god.
-That’s incorrect!
-Not for me.
-You’re a heretic.
-Yes.
-I don’t know what I do speak with you.
-Ask to god.
-Agh! The apocalypse is coming for you.
-Bah! Peter, you are an asshole. Bye!
-You will repent!
-Je ne regrette rien! Jamais!

“Non, rien de rien…”

La historia acaba en un hostal de mala muerte junto a un río hediondo rodeado de fábricas y con un concierto de Andrés Calamaro en disco compacto. Menú de hoy para la cena: CD’s (Compact Donuts).