Tú ya estás en casa calentita, arropada, bebiendo “colocaDo” caliente con galletas; aunque se que preferirías un buen croissant. Yo, por el contrario, aguardo en el apeadero la llegada del tren, envuelto por niebla lejana que me tapa el horizonte –el más allá del mar de las focas-; y escribo esto en frío papel con dedos congelados, rojos.

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De la ciénaga salen mosquitos.
Del parido lesbianas con banda roja cruzando su pecho.
Del politburó la orden.
Del grifo no más agua.