Exilio
Plaza del Duomo, Milán. Un hombre joven deambula por la plaza entre palomas y desconocidos, viendo a los artistas callejeros intentando sacarse unas monedas y a los miles de turistas, fijándose especialmente en las turistas, que inundan la ciudad estos días. Es una tarde soleada de mediados de octubre. David lleva en la ciudad cinco meses; llegó tratando de alejarse de un problema que le corroe el pensamiento y que le resulta imposible olvidar. Trabaja como camarero en un bar de mala muerte –con su pobre nivel de italiano es el único trabajo al que puede optar- y vive en un tugurio de apartamento en una barriada un tanto conflictiva. El dinero no da para más. En España trabajaba para una editorial, pero aquí no hay nada mejor para él.
Una mañana gris, precedida por una noche movidita en el bar donde hubo problemas entre un par de grupos de hinchas de fútbol de distinto equipo, David se levanta de la cama cansado y abatido; como viene siendo costumbre. La casa, ese pequeño tugurio, el inquilino trata de adecentarla continuamente, pero a pesar de sus intentos no deja de ver las manchas de humedad en la pared, los desconchones de yeso y demás defectos. Ataviado solo con el pantalón del pijama, hace café en la cocina cuando suena el teléfono. Lo descuelga:
-Ciao, chi chiama?
-¿David?
-Se, chi è?
-¿Sabes quien soy?
-La verdad es que tu voz me es familiar pero… no se quien eres.
-Bueno, déjalo.
-¡No! –Imperativo- Dime quien eres.
-No importa.
-¿No importa? –Enojado- ¿Cómo que no importa? ¿Me llamas, sabes quien soy, tu voz me resulta familiar y te vas así sin más? Identifícate.
-Soy Celia.
David frunce el ceño y pregunta perplejo:
-¿Celia? ¿Celia García?
-Si.
-¿Cómo sabes donde estoy? ¿Cómo sabes mi número de teléfono?
-Te busqué y encontré tu blog en internet. Para querer desaparecer dejas bastantes pistas…
-Debí de suponerlo…
-Si, no eres infalible. Eres humano.
-Nunca dije lo contrario.
-A veces dabas a entenderlo.
-Hace mucho tiempo de eso…
-Lo se.
-¿Qué quieres?
-David….
-¿Si?
-¿Vendrías por mi?
-¿Cómo?
-¿Qué si vendrías a por mi?
David duda un instante. Finalmente responde:
-No, no voy a ir a por ti.
-Vale…
-Sabes donde estoy. Si quieres, si te interesa, ven tú a por mi.
-Eso significa…
-Significa que las italianas no me hacen mucho caso.



Krap! dijo
No podemos huir de nuestro pasado. Sino, pregúntale a Niko Bellic.
18 Febrero 2009 | 10:16 PM