(Imagen extraida del videojuego Bioshock)

El falso veneciano en aguas ajenas se reúne con sus amigos del manicomio: la mimo, Fidel (alias: el muerto viviente), varios hippies, Báthory y Tepes, pseudo-Lenin y Rosa Luxemburgo, y la yihadista. Cenan en el chino de su amiguita la china donde los dragones hacían de las suyas derramando vino que tiñó de rojo el chaleco de cachemira blanca de la mártir que amenazó con inmolarse por el agravio recibido. Surgieron rollitos de invierno mientras degustaban los de primavera. De postre un poco de opio y tras eso, alta música en un local que parecía un burdel vietnamita -¿cómo demonios se yo cómo es un burdel vietnamita si nunca fui tan lejos?-. Risas y muchos personajes de fantasía. De entre la gente apareció una mascara blanca y azul acompañada por otra amarilla y una tercera negra; no quitaba ojo a nuestro protagonista. Y allí fue y ella huyó al patio donde entre botellas vacías se conocieron. No se dijeron nombres, apenas hablaron; tan solo los ojos de él, marrones, y los de ella, de rica miel, comunicaban. Él creía reconocer esos cabellos rubio platino, ella sabía que él sabía pero que no caía en la cuenta de quien era. Y sin dilación y abandonando las botellas y a los otros salieron y corrieron próximos a la playa donde se casaron por una noche frente a Cesar Augusto. Matrimonio de desconocidos venecianos en presencia del emperador. ¡Que honor! El horizonte les elogió y ellos pasaron la noche recorriendo los jardines para acabar dándose al placer bajo la mirada de Jovellanos

La noche se hizo corta. Demasiado corta.

Sigo sin saber quien eras….

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dariPod: Queen - It's a hard life