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Daridas y Darinoias varias

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1 Agosto 2009

Madrid

Fuimos a Madrid Enrique, Vanesa y yo a la boda de Elena, mi reina mora. Subimos al tren en Oviedo y en cinco horas estábamos en Madrid-Chamartin. Allí, con las piernas saliendo del letargo, nos deleitamos con los altos edificios próximos y luego con las luces azules que corrían por fibra óptica adornando el metro, que nos llevó hasta Tribunal donde nos reunimos con tres amigos de Enrique: Bea y Jaime, una pareja de asturianos que pasaban allí las vacaciones, y una encantadora madrileña, Raquel, que me encantó. Guapa, simpática y estudiante de Bellas Artes, ¿qué más se puede pedir? Comimos y pasamos parte del día con ellos en Chueca, un bonito barrio con mucho músculo luciéndose. Hacia las cuatro la madrileña nos acompañó hasta el bus que debíamos coger para llegar a casa de la futura señora. Atravesamos Gran Vía ante vagabundos que vendían la filosofía de “la verdad”, por debajo de la intersección favorita de Callejeros y por delante de una abandona estación de tren que a los cuatro nos pareció un crimen que se hallase en ese estado. Nos despedimos de ella prometiendo volver a verla en otra ocasión, con más tiempo, y subimos al abarrotado autobús por la puerta trasera junto a otros para no pagar el billete. ¡Viva la picaresca! Y así llegamos a la casa de la afortunada. Era el preludio de una gran noche.

Nos reunimos con la casadera en su casa, donde conocimos a alguno de los invitados. […] Al fin acudimos al restaurante -19.30h.- para la ceremonia, sencilla y por lo civil –con un juez que amonestó, disimulando una broma, a uno de los testigos por no ir de traje. Una de los testigos, curiosamente, no fue testigo porque llegó tarde al perderse con el coche.

Los invitados por parte de la novia hicimos piña y nos sentamos en la mesa central, frente a los novios. A pesar de no conocernos, en menos de cinco minutos ya nos estábamos tratando como si nos conociésemos de toda la vida. Muy grato. Por parte del novio todos, salvo dos niños, eran mayores. Una de ellas, de 30 y pocos años, estaba de muy buen ver: piel blanca, cabello oscuro, bonitos labios, largas piernas y un vestido negro transparente. Muy bonita. Según Elena un poco bruja. Bueno… Para mi contemplación estética mientras no tenga verrugas…
Cenamos. No entiendo como el bogavante es tan caro si no sabe a nada. Y tras el convite estuvimos de fiesta hasta las 3.30h. de la noche. Marco, el marido de Mirella se emborrachó. Estaba bien y al minuto siguiente estaba muy perjudicado:
-Marco: Tío, hay que aguantar.
-Dari: Sí… ¿Aguantar el qué?
-Marco: ¡Lo que sea, tío! ¡Lo que sea! Pero hay que aguantar, aguantar fuerte. Siempre.
-Dari: Sí, sí. Por supuesto. Aguantar estoico.
-Marco: Así, así.
Víctor que estaba cerca se rió conmigo cuando se fue. Marco también me abrazó repetidas veces a lo largo de la noche. Entrañable. Su mujer también se pimpló un poco, pero se mantuvo cuerda. Esta “Marylou” bailó con todos y no nos dejaba ni un momento estar quietos. Enrique acabó borracho también. Me cantó de rodillas y me besó. Y se puso a discutir con Benjamín y Víctor –que viniendo a Madrid desde Valencia tomaron una curva de 50Km/h a 90 por un fallo en los frenos, según dijeron- sobrios biólogos en potencia, sobre la utilidad de la filosofía entre otras cosas. Muy gracioso; y no del todo incoherente. Tarsicio, el amonestado por el juez, volvió pronto a casa y se perdió el espectáculo. Los hijos… son una carga. Y a Vanesa, que tampoco paró de bailar y a la cual todos acabaron imitando en su estilo alocado, se le soltó un tirante del sujetador; intenté engancharlo de nuevo pero no fui capaz. Aquello parecería otra cosa…

Acabó la boda y nos despedimos de los novios que fueron a un hotel. Benjamín y Víctor volvieron a su hotel; lamentándolo mucho tuvimos que declinar su oferta de ir a desayunar churros; los ebrios tenían que dormir un poco de lo contrario cargar con Enrique hasta el tren no sería fácil. Pasamos lo que quedaba de noche en casa de los novios con Marco y Mirella que allí se hospedaban. Marco fue a la cama rápido tras el intento frustrado de ir de juerga por la capital, su estado no lo permitía. Tras su odisea a la hora de beber agua se internó en el dormitorio, seguido al poco por su esposa, tras ofrecer sexo gratis al resto. Vanesa durmió en el sofá, Enrique en una silla reclinable en la terraza a la que accedió saltando por la ventana en lugar de usar la puerta, y yo en el suelo del salón. A las seis menos cuarto nos levantamos, el novio de Vanesa nos despertó llamando por teléfono. ¿A quién cojones se le ocurre llamar a esas horas? Nos robó quince minutos de sueño. Cogimos un taxi entre gritos de “¡Qué pasa maricona!” que profería Vanesa. Fuimos en el transporte público a toda velocidad por las poco transitadas calles de Madrid un domingo a las seis de la mañana hasta la estación (15 minutos aproximadamente, 19.20€). En la estación de Chamartin subimos al tren de vuelta a Asturias y vimos el amanecer. Muy bonito es ver alzarse al astro naranja sobre los áridos campos negros dormidos. Me acuerdo de las palabras de mi amigo Johnny. Dormimos hasta llegar a León y luego en Oviedo nos separamos, cansados, cada cual a su casa.

Fue divertido. Conocí a mucha gente agradable. Y los tres sentimos no habernos podido quedar más tiempo; esos churros habrían sido deliciosos y deambular por el Madrid nocturno con Raquel, la madrileña de bellas artes, habría sido genial. Pero no importa, prometimos volver. Y lo haremos.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lucía

Lucía dijo

Me ha gustado la crónica del viaje y que lo pasaras así de bien.Tienes que repetir,¡por supuesto!

Un besito Dari (hacía mucho que no comentaba...).

1 Agosto 2009 | 06:12 PM

R.

R. dijo

Colecciones de detalles desde el norte.
Se agradece tanta gratitud y demás cosas bien sonantes.Incluso inmerecidas.
Por ahora, Madrid contempla vuestra presencia como una idea estupenda.
Yo, en cambio, ojeo billetes abiertos.

Mientras , le dejo un adelanto. Porque siempre, hay un regreso:

Retiro de retiros,palacios reales y de cristal, para cenicientas sin toque de queda.
Silencios en el Prado y el Reina Sofía. Un paseo por el Madrid de los Austrias. Una discusión (o dos) con los empleados de la Almudena, seguramente la catedral más fea de España. Un helado de amarena y pomelo. La plaza de Santa Ana y los músicos callejeros. El bar y la calle donde nació el Esperpento y Noches de Bohemia. El barrio de las letras. Un Mexicano y un American Dinner. La Iglesia de Lope de Vega, la casa de Casanova y la de Perez Galdós. Nos arreglamos y nos vamos de fiesta.
Cocktail en el Areia...y ahí comienza la noche. (Solo era un adelanto)

(Dele un achuchón a Kike de mi parte)

2 Agosto 2009 | 05:26 PM

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Sobre mí

Soy un estudiante que cursa filosofía en la universidad de Oviedo. Filosofo por ocio y por convicción. Amante y vagabundo del cosmos, que gusta de analizar y comprender todo lo que le rodea. Leo, escucho y escribo para entretenerme. Y además de todo eso, creo que sufro algún que otro trastorno psicológico no diagnosticado.

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