El sonido de aquella moto era lo único que se oía en la oscura urbe alumbrada por farolas de ojos guiñantes cuando nuestro protagonista se dirige a su feudo tras una noche de juerga. Pelis francesas viejas y raras -como todas las películas galas- y festivales aedos de poesía memorizada-improvisada de gusto dudoso. "Dos, mi polla es para vos." "¡Ay, Lolita! Tócame la cosita."

Se cruzó con un tal Nacho Vegas acompañado de una Christina Rosenvinge que predicaba, entre humo de cigar que sortia de su boca, que este verano había sido fatal. Iban camino de Perdición; local de mala muerte cuya entrada parecía una Boca de metro. Cócteles, humedad y ratas; tralará.

Tras casi morir atropellado, el chico se juntó al cano loco entrañable cuya logomaquia concluyó con una sentencia: dios es un dictador que tarde o temprano acaba liquidándonos a todos.

Continuó bajo gotas de lluvia ácida con la americana raída bailando jazz. Cutuclâs!

Llegó a casa. La condesa Ladmia luchaba contra el ser de desesperante aullido en las tierras condales desordenadas. Pero él no prestó atención, asuntos le requerían en la capital, Darau, donde le esperaba Jeanne, su concubina.

-

Dedicado a LSD, mi secuestradora.

-

dariPod: The Jam - Down in the tube station at midnight