Vivo en sociedad para hacerme la vida más fácil, no para cargar sin más con los otros. No soy un esclavo; vivo por y para mí, no por y para los otros. Yo trato con individuos, no con supercuerpos como "la sociedad". Yo no exijo a nadie nada sin dar valor a cambio, no soy un parasito, yo comercio.
Yo, como individuo, como todos ellos, tengo derechos inviolables e inalienables. No existen derechos de grupo, los grupos no son más que sumas de individuos. Mis derechos (los de todos, los únicos): Derecho a la vida (a mi vida, a usarla como quiera y pueda), derecho a la propiedad privada (a mi propiedad privada lícitamente obtenida) y derecho a la búsqueda de la felicidad (de mi felicidad, propia, personal, privada).
Como tal, yo no tengo obligaciones con nadie por el mero hecho de habitar en el mismo lugar. Solo estoy obligado a aquello que, libre y voluntariamente, me comprometa. Nada más. Puedo ayudar, pero no estoy obligado a hacerlo; no debería estarlo.
Individualista, sí; pero no un ermitaño.
Egoísta, sí; racional, me preocupo por mí en primera instancia.
Libertad, sí; absoluta.
"Juro, por mi vida y mi amor a ella, que jamás viviré para el provecho de otro hombre, ni le pediré a otro hombre que viva para el mío." -John Galt. La rebelión de Atlas (1957), Ayn Rand.-
Gary Cooper interpretando a Howard Roark en El manantial (1949).
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