-Dadle el alta.
Tras aquel tratamiento experimental consistente en, desnudos paciente y facultativos, fustigar el enfermo la espalda y nalgas de la MIR al tiempo que la doctora de pelo ultra rizado y rubio cual muñeca le lame el orificio anal, el sujeto número de historial 72196747 está en la calle, en la acera de delante del hospital No-Mercy con una pequeña maleta con cuatro calzoncillos y un bote de pastillas con receta del Dr. Burroughs –curiosamente la redactó a máquina y no en jeroglífico:
Dos pastillas cada 12 horas.
Se toma su primera dosis. Sube a un taxi y da una dirección cualquiera. La radio del taxi escupe reggae y avisos de “carreras”, el chofeur escupe esputos por la ventana y palabras al de atrás que no se entera de la misa. Sus ojos están fijos en el taxímetro; ya se ha pasado, no tiene dinero para pagar, así que en el primer semáforo en rojo se apea de súbito y corre en dirección a la boca de metro al tiempo que el gordo del taxi, incapaz de perseguirlo corriendo, dirige su coche tras él con intención de atropellarle. 72196747 baja las escaleras precipitadamente y se esconde tras una columna; el taxi baja a toda velocidad por ellas atropellando a varios peatones y por causa de la inercia cae sobre la vía al tiempo que llega el tren que incapaz de frenar lo embiste y descarrila provocando el caos y la muerte.
-¡Hoshtiah!
El dado de alta huye de allí. Poco después en los noticieros se diría que la causa del pifostio del metro fueron terroristas suicidas islamistas…
Llega la noche y el “terrorista” se introduce en un edificio abandonado de los bajos fondos a dormir en una cama improvisada de hojas de árbol secas y cagarrutas de rata. En mitad de la noche se despierta por los ruidos producidos por un yonqui que hurga en la maleta del hombre. Este se alza para darle de puñetazos al drogata pero de las sombras surgen otros monos y entre todos le dan una paliza que lo dejan inconsciente.
Se despierta horas después con el alboroto de fuera. Su maleta está ahí pero vacía, ni calzoncillos, ni dinero, ni medicación.
-Hijoputas…
Sale del edificio y se da de bruces con una procesión católica; los creyentes parecen italianos. Tras ellos otros nazarenos vestidos de blanco arrastran una carroza con una cruz envuelta en llamas.
-Curioso.
Caminando llega a un parque. En un estanque grande y picado por las olas un sapo guarda el equilibrio sobre un nenúfar comiendo moscas. Una bala perdida le afeita. Proviene del otro lado del estanque: un coche a toda velocidad pasa expulsando plomo desde una de las ventanillas, cuerpos sin vida caen al estanque provocando la marejada. “Eso lo explica todo” piensa 72 al tiempo que huye, “¿dónde coño me he metido?” Suerte ninguna: Al correr despavorido es atropellado por un coche, curiosamente aquel que disparaba segundos antes. Pero por suerte no conduce Farruquito y lo suben con ellos; no es grave, tan solo un golpe con el retrovisor. Culatazo de revolver en la sien. Inconsciencia again.
Despierta nuevamente. Un bate de baseball le cruza la cara.
-¡Al fin despiertas! El jefe quiere verte.
Lo sacan del sótano y lo trasladan por el descampado Villa yonqui, gran supermercado de la droga, hasta la casa del jefe. Este le pide disculpas y le de unos billetes manchados de polvo blanco en compensación por los daños causados.
-100 para ti. Descontando los daños que le ocasionaste al coche… Ten, se quedan en 10.
-Vaya… Muy generoso es usted señor…
-Señor Noteimportaminombre. ¡Lárgate!
Patada en el culo y de nuevo en la calle. Está cansado. Sus pies apenas responden. Hace autostop. Una camioneta lo recoge y viaja en la parte trasera. Salen de la ciudad. Van paralelos a la playa donde mujeres tostadas peliteñidas de rubio con gafas de sol gigantes y cócteles helados toman el sol. Hace tiempo que no toma su medicación, todo lo ve morado y oye con dificultad. Cree ver dos enanos tratando de asaltar el vehículo; esquizofrenia y salto en marcha. Tobillo torcido. Uy…
Tambaleándose llega a un poblado costero lleno de surferos rubios “osseosos” y pijas de Roxy. Tonterías dice. Sus desvaríos son tenidos por revelaciones y acaba teniendo un rebaño de gilipollas en torno a él que le creen un profeta. Y así se hace una secta de gentes desnudas, fornicadoras y colocadas que con el tiempo crece pues subnormales de todo el país se suman a este neohippismo que llama la prensa. El gobierno se asusta, son demasiados lerdos juntos dándose pábulo. Aparecen los antidisturbios y a base de hostias disuelven el grupo y prenden al líder.
Sentencia judicial:
El acusado es un peligro público y un enfermo mental. Se le cree involucrado en la célula terrorista islámica responsable del atentado del metro. Se le condena a ingresar en el sanatorio para desquiciados del hospital No-Mercy bajo la supervisión del Doctor Burroughs, quien comunicará regularmente sus avances en la terapia a este tribunal.

Ajajaj, genial. Si es que... cada loco con su tema. Ponga aquí su anuncio.
Hospital No-Mercy.
No Mercy, pero Sí Zombies.