Abrió el maletero de la furgoneta y sacó a la joven ataviada con un vestido corto rojo que fue roto por el hombre sin contemplaciones. En el centro del almacén hay un colchón mohoso sobre el que deposita a la mujer con violencia y procede a desvestirse presto y violarla. Ella se resiste y le araña la espalda con saña tintando sus uñas con el bonito color de la sangre.
-¡Ah! –chilla el hombre y propina una bofetada a la muchacha-. Te arrepentirás de lo que acabas de hacer.
La agarra por el pelo y la lleva a un extremo de la sala. Encadena los tobillos y muñecas de la muchacha con unas cadenas que cuelgan del techo quedando la susodicha colgando boca arriba.
-Bien, bien. Veamos…
El hombre coge una caja de herramientas de la que sacará todos los útiles que atormentarán (más) a la chica.
Para empezar, introduce un vibrador accionado dentro de la vagina de ella sin dejar nada fuera, sus labios inferiores tragan todo el aparato de considerable tamaño. Acto seguido, con una gorda aguja y cuerda arpillera le cose los labios mayores para impedir la salida del consolador –ironía: aquí en absoluto consuela. Ella chilla y llora. Siguiente: los pezones; los perfora sin compasión con la aguja y en ellos coloca unos pequeños ganchos a los que amarra hilo de nailon y este a las argollas del techo de las cuales cuelga la desgraciada por las cadenas; quedan así sus mamas tensas.
-Ahora sí. Volvamos a lo nuestro.
El hombre coloca un estrafalario recubrimiento dotado de pequeñas cuchillas de afeitar usadas que él mismo diseñó en su polla erecta y así, sin paliativos de ningún tipo -¿para qué usarlos en un zorra pija de barrio alto que creía podía mangonear a hombres de menor nivel económico?- sodomiza a la fémina. Alaridos de dolor profiere; su recto está siendo destrozado. “¡Calla, puta!” le ordena el sádico sin cesar la penetración, pero es en vano pues ella no obedece.
-¡Joder! Típico de las mujeres, nunca cerráis la puta bocaza. Ya verás como ahora callas.
Él introduce en la boca de ella unas tenazas con las que agarra su lengua y se la atraviesa con otro pequeño gancho que también mediante nailon engancha al techo quedando la lengua tirante y asomando entre los labios.
-¿Callarás ahora?
El maquillaje de la muchacha está hecho un desastre por las lágrimas y el sudor. Él vuelve a la acción y la penetra por el culo de nuevo con su pene cortante. A causa del fuerte dolor ella cierra su boca con fuerza y se cercena la lengua de una dentellada. Nuevos alaridos. La lengua cuelga del techo como un péndulo.
-¡Joooooodeeeerr! ¡Bestial!
Aquello lleva al clímax al violador y eyacula dentro del ano de la víctima. Saca su pirula y del destrozado agujero caen una asquerosa mezcla de sangre, mierda y semen. Ella ya no grita, gime de dolor tan solo; está en shock.
-Oh… ¡Que bueno! Ha estado bien, ¿verdad, “cariño”? ¡Jajaja! Tranquila. Aun queda más.
Tras quitarse la “camisa” del pene, reposiciona a la pija: la cuelga cabeza abajo sujeta solo por sus tobillos. Sus brazos cuelgan pero no alcanzan el suelo.
-Siempre me han gustado las mujeres cubiertas de aceite, son tan sexys…
Coge una cadena oxidada y manchada de grasa de una bicicleta vieja y, usándola a modo de látigo, le flagela la espalda repetidas veces. La mujer se desmaya.

Tiempo después un nuevo alarido inunda el lugar, la mujer sale de su estado de inconsciencia a causa del hierro candente que el violento le introduce por el ano. El hierro es picudo por lo que penetra muy hondo gracias, además, a la fuerza ejercida por el hombre. Las entrañas arden. La polla vuelve a estar tiesa.
-¿Tienes calor, “querida”? ¡Quieres beber algo?
Dejándole el hierro insertado, el depravado va a ocuparse ahora de la boca. Le coloca un aparato que fuerza a abrir la boca de la “pincho moruno” y que impide cerrarla también. Comienza un frenético folleteo de la boca de la chica, entra hasta donde alcanza, los huevos chocan contra la nariz y ojos de ella. El meneo le produce arcadas y vomita manchando la polla y piernas del follador.
-¡Agh, que asco! – dice sin detenerse.
Poco después descarga su esperma en la garganta de ella que vuelve a estar en shock.
-Es suficiente, tengo hambre.
Extrae del culo de la violentada el hierro cual Arturo Excalibur, y suelta las cadenas del techo cayendo la mujer al suelo. La amarra a una tubería de la pared; de todos modos no huiría, no se mueve, no se entera de nada ya.
Coge la lengua de la muchacha y la echa a la sartén; su cena de hoy.

Siguió alimentándose de ella varios días. Amputó ciertas partes de su cuerpo como los pechos y otros órganos y los usó como cena, acompañados con vino blanco.
La cabeza y las finas manos también las cortó. La cabeza la usó para follarle la boca una temporada hasta que se cansó y la tiró a una trituradora después de arrancarle los dientes que se los quedó como recuerdo, igual que las manos las cuales disecó. También le cortó su otrora bello pelo que vendió para que hicieran pelucas con él. El resto del cadáver lo arrojó al mar…


Para la que me tienta.
A la que tiento, consciente de su debilidad.
L., pecadora.

dariPod: Talking Heads - Psycho killer