¿Y a la luz de estos esclarecedores ejemplos no queréis aprender que el egoísta es al que mejor le va? Yo, por mi parte, aprendo de ello una lección y, en vez de servir desinteresadamente a uno de esos grandes egoístas, prefiero ser yo mismo el egoísta.
Dios y la humanidad han fundado su causa en nada, en nada que no sea ellos mismos. Así pues, fundo de igual manera mi causa en mi mismo, puesto que yo soy mi todo, yo soy el único.
Si Dios y la humanidad, como aseguráis, tienen la capacidad necesaria para ser todo en todo, yo siento que a mí me faltará aún menos, y que yo no emitiré ninguna queja sobre mi ‹‹futilidad››. Yo no soy nada en el sentido de vacío, sino que soy la nada creadora, la nada de la cual yo mismo lo creo todo como creador.
¡Fuera, pues, con toda causa que no sea del todo mía! ¿Decís que mi causa al menos debería ser la ‹‹buena causa››? ¿Qué es bueno y qué es malo? Yo mismo soy mi propia causa, y no soy ni bueno ni malo. Ninguna de las dos cosas tiene sentido para mí.
Lo divino es cosa de Dios, lo humano del hombre. Mi causa no es ni la divina ni la humana, no es la verdadera, bueno, justa, libre, etc., sino solamente la mía, y no es ninguna causa general, sino que es… única, como yo soy único.
¡No me interesa nada que esté por encima de mí!
Max Stirner. El único y su propiedad

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados